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Acantilados, bosques encantados, menhires y canales navegables en una tierra donde naturaleza y mano del hombre conviven en armonía

Viaje por Bretaña, tierra de hadas y castillos... sin príncipe

Viaje por Bretaña, tierra de hadas y castillos... sin príncipe

miércoles 22 de octubre de 2014, 12:40h

Apartándose de las rutas convencionales, pero a corta distancia de nuestro país, pueden encontrarse paraísos naturales, espectaculares monumentos, templos del buen comer y beber. Bretaña, la punta más occidental de Francia, muestra un mundo de contrastes que conviven a la perfección y asombran al visitante.

Cualquier momento es bueno para recorrer esta región, para disfrutar el magnífico espectáculo del Golfo de Morbihan, una las mejores bahías del mundo con sus 42 islas de paisajes encantadores. Si te va la aventura y te apetece sentir la libertad, la velocidad, el viento, el yodo, opta por el carro de vela, con el que se puede correr a la velocidad del rayo por las grandes playas de arena con vistas a las bahías bretonas más bonitas. Claro que si buscas algo más tranquilo, un paseo por las orillas del río Rance es un recorrido bucólico salpicado de ciudades de arte y pueblos encantadores como Léhon, Dinan o Dinard.

A diez minutos en barco desde la punta de Arcouest, Bréhat seduce por su microclima. Está prohibida la circulación de coches por la isla, lo que la convierte en un auténtico paraíso para paseantes y ciclistas. Para sentirlo no hay más que pasearse por sus caminos de vegetación mediterránea y por las callejuelas de sus pueblos.

Hay que salir a pasear a Brocelandia, bordeando sus estanques. Con un poco de suerte saldrán al paso las hadas, los dragones y los korrigans. Pero si se prefiere el contacto con el mar, nada como hacer la ruta de los faros. De Brest al País de los Abers, veintitrés colosos solitarios se enfrentan a los elementos y jalonan este recorrido legendario. El faro de Saint Mathieu se yergue entre las ruinas de su abadía; el Créac’h con su pijama a rayas blancas y negras; el Stiff, el Horno, el Piedras Negras... Hay que arrastrar por la belleza de estas construcciones con nombres míticos y por esos parajes fabulosos barridos por los vientos y castigados por el mar.

Un buen comienzo
Podría iniciarse el recorrido de Bretaña evocando sus ciudades, descubriendo los palacios y casas señoriales que crecieron en la época de mayor esplendor, gracias a la madera para barcos o el comercio de las velas. Podría comenzarse atendiendo a su naturaleza y paisaje, con impresionantes acantilados, bosques misteriosos, canales navegables, vías verdes... También podría apelarse a su art de vivre, a los placeres de distinto tipo que ofrece al cuerpo: centros de talasoterapia y spas, ostras y mantequilla salada, sidra y magníficos vinos...

Pero otra forma de comenzar es aludiendo a su historia. No es, exactamente, un lugar turístico, pero tal vez la primera visita que hay que hacer antes de penetrar en el mundo sorprendente de Bretaña, sea Carnac. Frente a este monumento prehistórico, la mente se prepara para lo que luego debe venir. Se ha dicho que era un observatorio astronómico, un centro de ritos funerarios, un raro reloj solar, pero nadie ha encontrado la respuesta exacta a esos 1.099 menhires, perfectamente repartidos en once hileras de más de un kilómetro. La penúltima teoría indica que se trataba de una especie de lugar místico para hombres de mar.

Nada hay de extraño en ello porque en Carnac, como en toda la región de Morbihan en que se encuentra, y en toda Bretaña, el mar es el gran protagonista. Se le ve, se le huele, se le siente en cada instante. A veces en forma de forma de suave y rítmico oleaje y otras veces con desatada furia, violento, salvaje.

Mar medicinal
Este mismo mar que estremece, se convierte un poco más allá en fuente de salud. Toda la zona está llena de centros de talasoterapia, uno de los mejores tratamientos contra el estrés, las enfermedades de los huesos y las circulatorias, pero también eficaz en las terapias antitabaco, las curas después de la maternidad y los cuidados de la piel. Cada año acuden miles de viajeros de distintos lugares de Europa a los centros de talasoterapia de Bretaña. Buscan salud, pero también un estilo de vida que conviene a todos: tranquilidad, buenas comidas, lectura, reposo, sol...

Una leyenda cuenta que las hadas del bosque de Brocéliande derramaron tantas lágrimas que formaron el golfo de Morbihan. Las coronas de flores que arrojaron sobre sus aguas formaron cientos de pequeños islotes y algunos de los pétalos, que se alejaron mar adentro, dieron lugar al rosario de islas que bordean la costa de Bretaña, que reciben el nombre de islas de Poniente. Al viajero que se quedó extasiado con los menhires de Carnac no le cuesta nada aceptar esta explicación. Aceptaría también cualquier otra, porque todo parece posible en estas tierras. Tierras de contrastes, donde los castillos medievales conviven con la nouvelle cuisine, las veloces autopistas con recorridos para bicicletas o pausados paseos en barco y las suaves campiñas con costas salvajes y ríos caudalosos.

En la costa norte
El norte de Bretaña difiere bastante de la costa sur. Aquí la fuerza del Atlántico se muestra en todo su poderío y ha tallado relieves y formas que crean imágenes fantasmagóricas. Un buen ejemplo es la llamada costa de granito rosa, un paraje natural de excepcional belleza. Se estima que se formaron hace 300 millones de años y se extienden a lo largo de más de 25 hectáreas. Los acantilados reciben cada año más de un millón de visitantes y, sin duda, es una etapa imprescindible de Bretaña.

No faltan los espectáculos sorprendentes en esta parte de Bretaña. Entre ellos, sin duda, la bahía del Mont Saint-Michel donde las arenas, la vegetación, el mar y el cielo comparten el horizonte. La luz juega con los elementos en un paisaje mutante donde se reflejan el Monte Saint-Michel y las alineaciones de mejillones bouchots. Este lugar excepcional ha sido clasificado patrimonio mundial de la humanidad por la Unesco. El Mont Saint Michel, es el tercer monumento religioso más visitado de Francia, tan solo por detrás de Notre Dame y del Sagrado Corazón de París, y es también, sin duda, uno de los parajes más bellos y visitados de todo el país. En esta pequeña isla unida al continente por una carretera que en ocasiones es cubierto por las aguas cuando sube la marea, se levanta una pequeña ciudadela medieval que conserva el mismo aspecto que hace siglos, sobre la que se eleva una impresionante abadía donde conviven el románico y el gótico en perfecta armonía.

Cuestiones prácticas
Cómo ir:
El potente buscador de vuelos Skyscanner (www.skyscanner.es) ha encontrado vuelos directos a Nantes, capital de Bretaña, desde Madrid y Barcelona con las compañías Air Nostrum y Vueling, por 101 euros desde Barcelona y 221, desde Madrid.
Más información:
Oficina de Turismo de Bretaña
Tel.: 91 458 98 42 y (+33) 2 99 36 15 15
www.vacaciones-bretana.com/
ATOUT FRANCE - Madrid
C/ Serrano, 16 - 3º Izq. 28001 Madrid
ATOUT FRANCE - Barcelona
Fontanella, 21-23 - 4º 3ª 08010 Barcelona
http://es.franceguide.com/

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