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Recomendaciones / Literatura: Brian Catling, ‘En busca del Edén’

Un bosque sin fin, la época colonial y la literatura fantástica
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Un bosque sin fin, la época colonial y la literatura fantástica

miércoles 30 de enero de 2019, 09:16h

Brian Catling (Londres, 1948) era, hasta la publicación de este libro, un ilustre desconocido para el gran público; por el contrario, gozaba de una notable fama como escultor y artista visual, y sus obras se han expuesto en las principales pinacotecas dedicadas al arte contemporáneo, además de publicar seis libros de poemas experimentales.

Un bosque sin fin, la época colonial y la literatura fantástica

En el campo de la novela es, pues, un outsider, lo que no impidió que la publicación de su opera prima fuera saludada por Alan Moore –que prologó la primera edición británica-, Philip Pullman o Michael Moorcok –que en su reseña en ‘The Guardian’ definió a su autor poco menos que como un genio–.

Vorrh, el bosque infinito, el inicio de una trilogía con el mismo título, es, quizás, de las obras más ambiciosas, complejas, extrañas y desconcertantes que ha generado la literatura fantástica en las últimas décadas. Y como tal, exige un compromiso del lector mayor del habitual, lo cual hace que adentrarse en sus páginas pueda ser fascinante o frustrante, o ambas cosas alternativamente. Si tuviéramos que compararlo con algún autor, quizás habría que citar al Pynchon de 'V' o Contraluz, o al John Crowley de Pequeño, grande.

El mundo que nos presenta Catling destaca, sin duda, por su originalidad. En el corazón de África, en un periodo que puede situarse en pleno auge del colonialismo –finales del siglo XIX, principios del siglo XX–, hay un bosque que es, en efecto, infinito: nadie conoce sus límites, pero se rumorea que en su interior hay criaturas monstruosas o bellísimas, ángeles y demonios, e, incluso, que alberga el legendario jardín del Edén. Junto a ese bosque sin fin se ha construido una ciudad colonial, Essenwald, transportada desde Europa y levantada de nuevo piedra a piedra. En torno a esos dos escenarios se mueven un puñado de personajes, algunos, sorprendentemente, reales, como el escritor francés Raymond Roussel o la famosa Sarah Winchester, heredera de una dinastía de constructores de armas.

La novela se abre con dos escenas impactantes y brutalmente visuales: un hombre drogado, roto por dentro y por fuera, que se desnuda ante el espejo, en una lujosa habitación de hotel, trata inútilmente de masturbarse y después se dispone a morir. Luego, nos encontramos con otro hombre que, después del fallecimiento de su amante, descuartiza su cuerpo y utiliza su espinazo para fabricar un arco.

Esto no es la excepción, sino la norma, en el libro. Catling posee una prosa exquisita y detallada, y una imaginación perturbadora que, además, utiliza los horrores del colonialismo decimonónico como telón de fondo.

No sabemos exactamente hacia dónde nos quiere llevar Catling –quedan otros dos volúmenes, igual de gruesos, pendientes–, así que, en gran parte el atractivo (o el rechazo) que inspire el libro depende de lo que experimente el lector ante los distintos episodios que contiene la trama –entre cuyos protagonistas hay un cazador nativo, un cíclope, varios androides o una joven tan audaz como inteligente-. En cualquier caso, lo que podemos asegurar es que adentrarse en el bosque de Vorrh no se parece a nada que hayas vivido –o leído- antes.

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