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CaixaForum Madrid, del 17 de octubre de 2018 al 20 de enero de 2019

Faraón, Rey de Egipto
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Faraón, Rey de Egipto

lunes 29 de octubre de 2018, 13:16h
La nueva exposición de CaixaForum Madrid invita a los visitantes a descubrir loque realmente significó la monarquía en esta antigua civilización.

«Re, el dios solar, puso al soberano en la tierra de los vivos para la
eternidad y por siempre, a fin de que juzgue a los hombres, complazca a
los dioses, establezca la maat (verdad) y destruya el mal»

(Del Templo de Luxor)

Los faraones, los señores de las Dos Tierras, fueron los encargados de proteger a Egipto de sus enemigos y de garantizar el orden del universo. Gobernaron Egipto desde el 3000 a. C., aproximadamente, hasta la conquista romana, en el 30 a. C. Tras las imágenes y los objetos del antiguo Egipto que han llegado hasta nuestros días, se esconde la realidad de un imperio que ha fascinado a la humanidad a lo largo de la historia. La nueva exposición de la Obra Social ”la Caixa”, en
colaboración con el British Museum, Faraón. Rey de Egipto, explora el simbolismo y el ideario de la monarquía egipcia, desvelando las historias que encierran las 164 piezas incluidas en la muestra como representación de esta antigua civilización. Destacan los trabajos de orfebrería, así como las estatuas monumentales y los preciosos relieves de templos que acercan a los visitantes a la vida real y de poder del antiguo Egipto.

La directora general adjunta de la Fundación Bancaria ”la Caixa”, Elisa Durán; la comisaria del Departamento del Antiguo Egipto y Sudán del British Museum y comisaria jefe de la exposición, Marie Vandenbeusch; y el comisario adjunto y conservador del Departamento del Antiguo Egipto y Sudán, Neal Spencer, inauguran hoy en CaixaForum Madrid el nuevo proyecto conjunto entre ambas instituciones: Faraón. Rey de Egipto. Dentro de su programación cultural, la Obra Social ”la Caixa” presta una atención preferente a las grandes culturas del pasado. Estas exposiciones tienen como misión mostrar al público las distintas formas en que hombres y
mujeres de diversos lugares y épocas se han enfrentado a las grandes cuestiones universales, así como ampliar las perspectivas sobre el mundo a
partir de las más recientes investigaciones históricas y arqueológicas. En los últimos años, la entidad ha dado a conocer distintos aspectos de la civilización
egipcia en numerosas exposiciones: Nofret - La Bella; Nubia. Los reinos del Nilo en Sudán; Momias egipcias. El secreto de la vida eterna, y Animales y
faraones. El reino animal en el antiguo Egipto.

En esta ocasión, esta exposición, coorganizada por la Obra Social ”la Caixa” y el British Museum en el ámbito del acuerdo estratégico que mantienen, ofrece una oportunidad única de acercarse a esta cultura milenaria a través de la figura de los faraones.

La cara humana de los dioses

Faraón. Rey de Egipto explora el simbolismo y el ideario de la monarquíaegipcia, al tiempo que intenta desvelar las historias de los objetos y las imágenes que ha dejado como herencia esta antigua civilización.

Eran cientos los dioses a los que se rendía culto en el antiguo Egipto, y se creía que todos mantenían algún vínculo con el faraón. Los antiguos mitos explican que,
antes del primer faraón, Egipto había sido gobernado por los dioses. Como sumos sacerdotes, los faraones supervisaron la construcción de grandiosos templos para la celebración de rituales. Los entierros reales, bajo las pirámides o en el Valle de los Reyes, se concebían con la intención de garantizar el renacer del faraón como Osiris, señor del inframundo o mundo de los muertos.

Junto a esta naturaleza divina, el faraón también era a menudo representado como un audaz guerrero o un genio de la estrategia militar, implacable con sus enemigos. Comandaba los ejércitos con la misión de mantener la paz interior y de expandir las fronteras. Sin embargo, Egipto sufrió numerosas y dolorosas derrotas, entre otras, contra los ejércitos romano y nubio. Asimismo, a pesar de su papel como señor de las Dos Tierras, nexo de unión entre el norte y el sur de Egipto, lo cierto es que los faraones no pudieron evitar fuertes tensiones internas. Egipto conoció varias guerras civiles, y fue conquistado por potencias extranjeras o gobernado por distintos soberanos que se disputaban el poder.

A través de las estatuas y los monumentos, los faraones construían con esmero sus identidades, y proyectaban una imagen idealizada de sí mismos, bien como guerreros poderosos, protectores de Egipto contra sus enemigos, bien como adoradores fervientes de los dioses, intermediarios entre ellos y el resto de la humanidad. Tras estas representaciones de la realeza, sin embargo, la realidad era mucho más compleja. No todos los gobernantes del país fueron de sexo masculino, ni tampoco egipcios, como el rey macedonio y gobernante Alejandro Magno. También hay constancia de conspiraciones regicidas, e incluso de golpes de Estado.

Al margen de su origen, o de que fueran hombres o mujeres, los monarcas egipcios se definían mediante la adopción de símbolos reales. Así, por ejemplo, inscribían sus nombres en cartuchos, o llevaban en la frente el ureo, una figura de cobra erguida. Si bien algunos faraones fueron objeto de veneración —como Tutmosis III, que propició la máxima extensión al imperio egipcio, o Amenhotep I, que tras su muerte fue adorado como un dios—, otros se vieron condenados al olvido. Fue el caso de Akenatón, causante de un profundo trastorno religioso al introducir el culto al disco solar de Atón como único dios nacional.

Dividida en diez ámbitos, la exposición examina la figura del monarca egipcio desde todos los puntos de vista: como ser divino, situado en el centro de la estructura social, a cuyo alrededor se articulan símbolos y creencias que van más allá de la existencia terrenal; en su vida de palacio, rodeado por su familia; como gobernante y como guerrero, e incluso pone de relieve que el origen de los faraones no fue siempre egipcio.

De estatuas monumentales y relucientes joyas a objetos poco habituales

La exposición presenta 164 piezas destacadas de la colección egipcia del British Museum, que conserva uno de los fondos egipcios más importantes del mundo y es el que ofrece una imagen global más completa del antiguo Egipto.

Los objetos expuestos permiten apreciar las múltiples habilidades de los antiguos artistas egipcios, y son un testimonio de la imagen que el faraón quería que se transmitiera de sí mismo. La exposición muestra el rostro de los faraones, que impresionan por su seriedad; también, escenas de coronaciones en las que aparecen rodeados por dioses, en medio de una explosión de alegría, y estelas donde los vemos con los brazos cruzados —postura que se asocia a Osiris—, transformados a su vez en dioses. Junto a la presencia fascinante de las obras de arte, los textos nos permiten reconstruir el contexto en el que se crearon, e introducirnos en los escenarios de la vida de los faraones: el templo, el palacio, las fiestas, la memoria, las formas de legitimar y transmitir el poder, el más allá…

Los visitantes podrán descubrir una selección de estatuas monumentales, relieves en piedra de antiguos templos, papiros, joyas y objetos rituales. Destacan varias piezas únicas: la figura del dios halcón Re-Haractes, una cabeza impresionante del faraón Tutmosis III de limolita verde, unas losetas del palacio de Rameses III o un busto de mármol de Alejandro Magno. La exposición también presenta objetos menos habituales: las incrustaciones de colores que se usaron para decorar el palacio de un faraón; las misivas grabadas en escritura cuneiforme sobre tablillas de arcilla que dan fe de la intensa actividad diplomática entre Egipto y Babilonia durante la XVIII dinastía; el arco de madera de uno de los comandantes militares del faraón; un papiro que deja constancia de un juicio por robar en un templo, o las imágenes de
gobernantes nubios, griegos y romanos que actuaron como faraones.

Acompañando a las obras, la muestra incluye tres piezas audiovisuales: dos vídeos y un interactivo. En el primero de los vídeos se nos presenta la geografía de la antigua civilización egipcia, mientras que en el segundo se profundiza sobre la evolución de las tumbas reales en el antiguo Egipto. El interactivo Lista de reyes representa una piedra tallada egipcia —con una longitud real de 5 metros—, con incisiones e incompleta. Esta pieza pretende acercar a los visitantes cómo los faraones construyeron su legitimidad al vincularse con algunos de sus predecesores eligiendo dejar de lado a otros.

Un paseo por una tumba faraónica en el espacio educativo

Fiel a su objetivo de hacer accesible la muestra a todos los públicos, la Obra Social ”la Caixa” incluye Faraón: la imagen de Egipto, el espacio educativo donde es posible pasear por una tumba faraónica y, a través de los registros de las pinturas de las paredes, elegir los elementos que darán poder y prestigio para vestir al faraón.

A partir de la muestra, se despliega un completo programa de actividades para todos los públicos que incluye la conferencia inaugural a cargo de la comisaria Marie Vandenbeusch, y el ciclo de conferencias El Egipto de los faraones. También se estrenará además como novedad ¡Veo cosas maravillosas! un formato de conferencia pensado para toda la familia, junto a la arqueóloga Núria Rosselló. La programación se completa con las visitas para público general y las específicas para personas mayores, público familiar y grupos escolares. Como viene siendo habitual, la exposición se completa con la edición de una publicación a cargo de la Obra Social ”la Caixa” y el British Museum, y coordinada por la comisaria, Marie Vandenbeusch.

Tercera exposición conjunta con el British Museum

Faraón. Rey de Egipto pudo verse entre los años 2011 y 2013 en una primera versión por varias ciudades del Reino Unido. Posteriormente, se amplió la lista
de objetos incluidos en la muestra y los temas que abarcaba para su exhibición internacional. La muestra llega a CaixaForum Madrid tras pasar por el Cleveland Museum of Art y CaixaForum Barcelona.

Se trata de la tercera de una serie de cuatro proyectos conjuntos entre la Obra Social ”la Caixa” y el British Museum, que se han presentado y se presentarán en varios de los centros CaixaForum a lo largo de cuatro años (2016-2020), a partir de los fondos del museo británico de historia antigua y global, uno de los mayores del mundo. Los pilares de Europa fue el primer proyecto que fructificó en esta nueva etapa de colaboración, seguido por La competición en la antigua Grecia.

Esta colaboración es fruto de la voluntad de ambas instituciones de promover el conocimiento a partir de la organización de grandes proyectos expositivos, presentados conjuntamente a partir de las colecciones británicas.

El presidente del Patronato del British Museum, Sir Richard Lambert, y la directora general adjunta de la Fundación Bancaria ”la Caixa”, Elisa Durán, firmaron en septiembre de 2015 un acuerdo de colaboración entre ambas instituciones para los próximos años. El compromiso permitía intensificar una relación de entente histórica entre estas dos instituciones, que durante décadas han venido trabajando conjuntamente. El British Museum siempre ha sido uno de los prestadores de referencia en las exposiciones que ”la Caixa” ha dedicado a las grandes culturas del mundo.

Este ambicioso acuerdo se enmarca en la línea de actuación impulsada por la Obra Social ”la Caixa” en los últimos años, para el establecimiento de alianzas estratégicas con grandes instituciones culturales del mundo, a fin de intensificar su acción cultural y fomentar sinergias entre distintas instituciones de primer
orden internacional.

OBJETOS CLAVE DE LA EXPOSICIÓN

Estatua del dios Re-Horakhty
Granito. Dinastía XIX, reinado de Rameses II, c. 1279-1213 a. C. Tell
el-Maskhuta, Egipto

Esta estatua representa al dios halcón Re-Horakhty protegiendo el nombre del faraón Rameses II, rodeado por un cartucho (marco ovalado). El nombre de este dios, cuyo significado es «Re-Horus de los dos horizontes», representa la unión entre Re, dios del sol, y Horus, dios del cielo. Ambos pueden ser representados como halcones. La inscripción jeroglífica de la base describe a Re-Horakhty como «gran dios, señor del cielo». Durante los sesenta y seis años de reinado de Rameses II se hicieron miles de estatuas como esta, en el contexto de un programa de construcción de templos que se extendía más allá de Egipto y llegaba hasta Nubia.
Dichos templos se decoraban con representaciones y descripciones de las victorias militares de Rameses. Estatuas como esta transmitían también la idea de que el faraón estaba protegido por los dioses. Esta pieza fue hallada en Tell el-Maskhuta, en la parte oriental del delta del Nilo, una localidad que al parecer estuvo
despoblada durante el reinado de Rameses II. Es probable que la estatua fuera trasladada a esta localidad para decorar un templo construido por un faraón posterior.

Cabeza del faraón Tutmosis III
Limolita verde. Dinastía XVIII, reinado de Tutmosis III, c. 1479-1457
a. C. Karnak, Tebas, Egipto

La corona blanca era el símbolo del Alto Egipto. Sus orígenes pueden encontrarse en los primeros tiempos de la historia antigua egipcia. Se asociaba a la diosa buitre Nekhbet, protectora de esa región. Esta corona, llevada habitualmente por el faraón para afirmar su supremacía sobre el Alto Egipto, solía combinarse con el ureo (cobra erguida), que aquí vemos, hábilmente esculpido, en la frente del monarca. Esta cabeza carece de inscripciones, pero el
estilo de sus delicados rasgos permite identificar al soberano como Tutmosis III. Tras una larga corregencia con su madrastra, Hatshepsut, Tutmosis III consiguió que el imperio egipcio alcanzara su máxima extensión territorial gracias a una serie de expediciones militares hacia el norte, a través de Siria y Palestina, y hacia el sur, en Nubia. Su próspero reinado también se refleja en la gran calidad de las esculturas producidas en los talleres reales.

Losa con la representación del faraón Nectanebo I
Basalto negro. Dinastía XXX, reinado de Nectanebo I, c. 380-362 a.
C.Egipto

Hacer ofrendas a los dioses era uno de los deberes más importantes del faraón, que en algunas de las múltiples escenas que adornaban los templos aparecía presentando alimentos, bebidas y objetos de valor a varios dioses. Aquí, el faraón Nectanebo I ofrece una bola de incienso. Aunque la escena fuera borrada parcialmente a golpe de martillo, se conservan los jeroglíficos que describen la ofrenda. El faraón Nectanebo I, fundador de la última dinastía egipcia autóctona, repelió las tentativas persas de invadir Egipto con la ayuda de mercenarios griegos. Bajo su gobierno, Egipto experimentó un renacimiento cultural. Su reinado se caracterizó por la innovación, tanto en la construcción de templos como en el retrato. El faraón puso en marcha un gran programa de edificación de templos por todo el país. También rindió homenaje a sus antecesores más ilustres mediante su nombre de entronización, Kheperkare, que es el mismo que el del faraón Senuseret, el cual reinó unos 1600 años antes.

Relieve del faraón Osorkon II procedente del portal de su Fiesta Sed
Granito rojo. Dinastía XXII, reinado de Osorkon II, c. 874-850 a. C.
Templo de Bastet, Bubastis, Egipto

La Fiesta Sed es una celebración documentada en todos los períodos de la historia egipcia. Solía conmemorar los primeros 30 años de reinado de un faraón, y comprendía una serie de rituales cuya finalidad era rejuvenecer al faraón de cara a los años venideros, como carreras alrededor de hitos, procesiones y ofrendas. Varios soberanos erigieron grandes monumentos para conmemorar sus Fiestas Sed. Este bloque de piedra formó parte de un portal monumental descubierto en el templo de la diosa Bastet en Bubastis, en el delta del Nilo, y plasma algunos de los acontecimientos que tenían lugar durante la Fiesta Sed. En este relieve, el faraón Osorkon II aparece dentro de un pabellón, frente a la diosa Bastet, deidad protectora y guerrera con cabeza de leona. Lleva el manto tradicional de la Fiesta Sed. Frente a él, algunos sacerdotes recitan fórmulas sagradas, mientras otros participan en
una carrera ritual o preparan ofrendas.

Losetas del palacio de Rameses III.
Fayenza. Dinastía xx, reinado de Rameses III, c. 1184-1153 a. C.
Tell el-Yahudiya, Egipto

Al igual que las casas, los palacios se edificaban sobre todo con adobes secados al sol, mientras que la piedra se reservaba mayormente para los templos consagrados a los dioses. Aunque el adobe es poco duradero, por la erosión de la lluvia y el viento, la pervivencia de fragmentos de pintura e incrustaciones de fayenza (material vidriado similar a la cerámica) indica que, en su día, los palacios fueron espacios con decoraciones suntuosas, dignos de los faraones que los habitaban. Muchos palacios poseían decoraciones con motivos vegetales, que representaban el paisaje egipcio, fértil y lleno de vida. También se utilizaron los nombres de los propios monarcas como elementos ornamentales, para conmemorar al faraón que los había mandado construir. Los ejemplos de decoración que aquí se muestran, y que incluyen parte de los nombres del faraón Rameses III, pertenecían a un palacio en Tell el-Yahudiya, en el norte de Egipto, hoy prácticamente destruido. En dos losetas está representada el ave rekhyt, que simboliza a la población bajo la autoridad del faraón. Sentada en una cesta, el ave forma un texto jeroglífico que puede leerse como «todos los súbditos del faraón», un mensaje que hacía hincapié, de cara a los visitantes, en que el control último de todos los habitantes de Egipto lo tenía el monarca. En los palacios se mostraban asimismo escenas de prisioneros extranjeros, que evocaban el dominio que el faraón ejercía en otras regiones.

Estatua del funcionario del gobierno Sennefer
Granodiorita. Dinastía XVIII, reinado de Tutmosis III, c. 1479-1425 a.
C. Tebas, Egipto

Sennefer fue un poderoso funcionario del gobierno egipcio durante el reinado del faraón Tutmosis III. Su alto rango le permitió encargar esta escultura de excelente factura, una «estatua cubo» —tipo de escultura ideado a principios de la Dinastía xii, en la primera mitad del siglo xx a. C.— que representa a un hombre sentado y envuelto en un manto, referencia al renacimiento del dios Osiris tras la muerte. A Sennefer se le conoce también por haber encargado al
menos otras dos estatuas y por una tumba maravillosamente decorada en la necrópolis de Tebas. A menudo, el rey mandaba colocar estatuas de sus funcionarios leales en el interior de los templos como muestra de favor. Es posible que esta estuviera erigida originalmente en el templo funerario del faraón Tutmosis III. A través de su estatua, Sennefer esperaba poder beneficiarse de las ofrendas diarias a los dioses. Todo ello se describe en la larga inscripción jeroglífica de la parte frontal de la estatua, en la que Sennefer solicita que, una vez muerto, se le hagan ofrendas funerarias.

Jamba de una puerta de la tumba del general
Horemheb. Caliza. Dinastía XVIII, reinados de Tutankhamon a
Horemheb, c. 1336-1295 a. C. Saqqara, Egipto

Horemheb accedió al trono de manera inesperada. General del ejército durante el reinado de Tutankhamon, ascendió al trono durante el período de inestabilidad política que siguió a la muerte de este último. Gobernó el país durante casi treinta años, y se le construyeron dos tumbas. La primera, en Saqqara, no se usó nunca, ya que tras la subida al trono de Horemheb se le preparó una sepultura real en el Valle de los Reyes, en Tebas. Esta jamba procede de su tumba de Saqqara. Representa a Horemheb con las manos en alto en señal de oración al dios solar Re. A pesar de que esta tumba nunca llegó a ser utilizada, el estatus real de Horemheb se conmemoró representándolo con un ureo (cobra erguida) en la frente.

Estatua del faraón Senuseret III
Grauvaca. Dinastía XII, reinado de Senuseret III, c. 1874-1855 a. C.
Elefantina, Egipto

Cabeza de un faraón ptolemaico
Caliza. Dinastía Ptolemaica, c. 305-30 a. C. Egipto

Cabeza de Alejandro Magno
Mármol. Dinastía Macedonia, reinado de Alejandro Magno, c. 332-
323 a. C. Templo de Afrodita, Cirene, Libia

El faraón Senuseret III está representado con el nemes (tocado) y el ureo (cobra erguida) en la frente. Estos símbolos de la realeza empezaron a usarse y a copiarse desde las primeras dinastías. Más tarde fueron adoptados por reyes extranjeros, que sin embargo, a menudo los representaron con su propio estilo, tal como lo demuestra esta cabeza de un gobernante ptolemaico. La ciudad de Alejandría, en el Bajo Egipto, se había convertido en la capital griega recién fundada. A diferencia de los templos egipcios, sus palacios estaban decorados con estatuas al estilo griego, muy similares a esta cabeza de Alejandro Magno.

Fragmento de la tapa del sarcófago del faraón Rameses VI
Dinastía XX, reinado de Rameses VI, c. 1143-1136 a. C. Tumba de
Rameses VI, Valle de los Reyes, Tebas, Egipto.

Los faraones del Reino Nuevo eran enterrados en impresionantes sarcófagos de piedra de grandes dimensiones, que a su vez contenían uno o varios ataúdes más pequeños. En la tumba del faraón Rameses VI, situada en el Valle de los Reyes, se hallaron fragmentos como este, la parte superior de la tapa dejada por los saqueadores que despojaron la tumba de metales preciosos y de otros objetos de valor. A veces este pillaje era una iniciativa controlada por el estado con el objetivo de reciclar materiales preciosos para otros usos. El cuerpo del faraón Rameses VI no fue recuperado hasta finales del siglo xix. Para entonces ya no se encontraba en su propia tumba, sino en la del faraón Amenhotep II, que reinó casi 300 años antes que él, y cuya sepultura se usó para reunir los restos de enterramientos reales de todo el Valle de los Reyes, que corrían el riesgo de ser atacados por los saqueadores de tumbas. Se conservan textos antiguos que documentan estos saqueos, incluido el de la tumba de Rameses VI.

ÁMBITOS DE LA EXPOSICIÓN

Egipto, la tierra de los faraones

Los faraones gobernaron Egipto desde el 3000 a. C., aproximadamente, hasta la conquista romana, en el 30 a. C. Tras una apariencia de unidad, fueron muchos los cambios —económicos, tecnológicos, artísticos y políticos— que transformaron el país. Hubo épocas, por otra parte, en que el poder se compartió con invasores de potencias vecinas. A pesar de todos estos cambios, la flexibilidad inherente a la monarquía egipcia le permitió sobrevivir durante más de tres milenios. El faraón representaba a los dioses en la tierra, manteniendo la maat (orden universal) y protegiendo Egipto de sus enemigos. Esta exposición profundiza en los ideales, las creencias y el simbolismo de la monarquía egipcia, pero también se propone desvelar la realidad que había detrás de esas ideas. Los antiguos egipcios contaban los años por reinados: el quinto año del reinado del faraón Rameses II, por ejemplo, equivale aproximadamente al 1274 a. C. En la actualidad estamos familiarizados con la división cronológica de la historia del antiguo Egipto en dinastías (grupos de soberanos relacionados entre sí), un sistema ideado por el sacerdote egipcio Manetón, que vivió en el siglo III a. C. Posteriormente, dichas dinastías se organizaron en períodos históricos de mayor amplitud conocidos como Reino Antiguo, Reino Medio y Reino Nuevo, separados por Períodos Intermedios durante los cuales el estado, en muchos casos, no estuvo centralizado. Por ejemplo, Rameses II es el tercer faraón de la Dinastía XIX, correspondiente al Reino Nuevo.

Egipto y su geografía
Egipto siempre ha estado condicionado por el Nilo, que de sur a norte discurre por el Alto y Bajo Egipto y forma un delta compuesto por una amplia red de canales que desembocan en el Mediterráneo. A ambos lados del valle del Nilo se extienden áridos desiertos.
Las tierras a las orillas del Nilo eran muy productivas, gracias a los limos que dejaba la crecida anual del río. Los antiguos egipcios supieron canalizar sus aguas y hacer que se pudiera practicar la agricultura todo el año.
El Nilo también era la principal ruta de transporte en Egipto, aunque en el sur los desplazamientos se veían dificultados por las cataratas, que obligaban a descargar los barcos y transportarlos por tierra para evitar los peligros de las rocas y los rápidos. Nada de esto disuadía a los egipcios de emprender expediciones a tierras lejanas en busca de mercancías valiosas, como el ébano, o los colmillos de elefante. Estas expediciones, decididas a menudo por decreto real, eran esenciales para el prestigio de los faraones. En los grandes desiertos que rodeaban el valle del Nilo, de los que se extraían piedras y metales preciosos, se usaban asnos para transportar las mercancías por las rutas de las caravanas.

El Alto y el Bajo Egipto se conocían antiguamente como las Dos Tierras, y en los períodos de estabilidad eran gobernados como un solo país. Para controlar tan vasto territorio, y ayudar a mantener la paz con sus vecinos (los nubios al sur, los libios al oeste y los estados de Hatti, Mitanni, Asiria y Persia al noreste), hacía falta un faraón fuerte. A lo largo de los siglos, la relación con estos pueblos fluctuó entre los enfrentamientos y las alianzas. Las fronteras del estado egipcio se movían en función del resultado de las campañas militares y de la diplomacia.

Hijo de los dioses

Eran cientos los dioses a los que se rendía culto en el antiguo Egipto, y se creía que todos mantenían algún vínculo con el faraón. Los antiguos mitos explican que antes del primer faraón Egipto había sido gobernado por los dioses. El último gobernante divino fue Horus, dios con cabeza de halcón, de quien el faraón era considerado una encarnación. Una vez fallecido, cada faraón se transformaba en el dios Osiris, padre de Horus y señor del inframundo o mundo de los muertos. Su sucesor pasaba a ser el nuevo Horus en la tierra.

Los soberanos hacían constantes referencias a su relación con el mundo divino para justificar su derecho al trono: actuaban como representantes de los dioses, y al mismo tiempo como intermediarios entre los seres humanos y los divinos. Las paredes de los templos egipcios antiguos están cubiertas de imágenes que representan la relación del faraón con los dioses. Junto a escenas de los mitos de la creación aparecen a menudo imágenes de ofrendas realizadas a deidades en agradecimiento por una crecida abundante del Nilo y un reinado próspero. Estas ofrendas podían ser de leche, pan, vino o estatuillas de la diosa Maat. En las fachadas de los templos se mostraban asimismo representaciones de victorias militares que presentaban al faraón como un guerrero poderoso que sometía a sus enemigos.

Símbolos de poder

La suntuosa indumentaria del monarca y sus elaboradas joyas lo diferenciaban del pueblo, mientras que su poder recibía plasmación simbólica en una serie de coronas con significados muy concretos, además de en el ureo (cobra erguida) de su frente. La doble corona, por ejemplo, que combinaba la corona roja del Bajo Egipto y la corona blanca del Alto Egipto, indicaba su control sobre el país unificado.

El faraón disponía de una titulatura compuesta por múltiples nombres, títulos y epítetos, dotados de importantes significados simbólicos, que se elegían cuidadosamente para transmitir la devoción a un determinado dios o la relación con un gobernante anterior. Generalmente cada faraón tenía cinco nombres reales. Dos de ellos, el nombre de entronización y el de nacimiento, se incluían en sendos cartuchos, es decir, eran rodeados por una cuerda con nudos a modo de protección.

Templos: los reyes y los dioses

La palabra egipcia para «templo» (hut netjer) significa «casa del dios». Los templos egipcios contaban con una sucesión de patios y salas con columnas que llevaba hasta la zona más sagrada, a la que solo podían acceder un reducido número de sacerdotes y donde se custodiaba la estatua de la divinidad principal del templo. Los templos eran esenciales para la relación entre el faraón y los dioses, y algunos de ellos fueron ampliados y modificados repetidamente por monarcas sucesivos. A menudo templos preexistentes eran derribados y reutilizados, y los nombres del nuevo faraón se inscribían sobre los anteriores.

Del faraón, en tanto que sumo sacerdote, se esperaba que realizase las ceremonias religiosas más importantes, como el ritual diario de hacer ofrendas al dios, vestirlo y alimentarlo. En realidad, estos rituales los desempeñaban, en representación del monarca, numerosos sacerdotes a lo largo y ancho del país. En caso de quedar satisfechos, los dioses premiaban a Egipto con la estabilidad y al faraón con un reinado largo y próspero.

Festividades y memoria

En los templos egipcios se celebraban muchas festividades religiosas, y algunas de ellas permitían a la población relacionarse con los dioses, o como mínimo con sus estatuas. Fuera del ámbito de los templos, una de las celebraciones más importantes era la Fiesta Sed, cuyo objetivo era reafirmar los poderes del faraón y su derecho de gobernar Egipto. En el transcurso de esta ceremonia, el faraón tenía que realizar varios rituales para demostrar que estaba capacitado para defender el país.

Un elemento importante de la cultura egipcia —tanto en la religión oficial como en las creencias populares— era la memoria de los antiguos gobernantes, a los que se veneraba como figuras santas que podían intervenir en la vida cotidiana. De hecho, algunos faraones fueron adorados como dioses después de su muerte gracias a sus obras en vida.

Todo ello contrasta con que el nombre de algunos faraones fuera eliminado de los registros oficiales. Los nombres de la reina Hatshepsut, que gobernó como faraón durante un tiempo en lugar de su hijastro Tutmosis III, y de Akhenaton, que provocó graves disturbios religiosos al adorar a un solo dios (el disco solar Atón), fueron profanados por monarcas posteriores. Las listas reales suelen omitir a los faraones que gobernaron en épocas de inestabilidad política o religiosa.

Los textos oficiales, como los de los templos, presentaban una monarquía idealizada, con un faraón victorioso como sacerdote, gobernante o guerrero. Por suerte para los egiptólogos actuales, algunos textos literarios ofrecen un punto de vista menos oficial acerca de los faraones.

La vida de la realeza: el palacio y la familia

Por todo Egipto se construían palacios reales. Además de dar alojamiento a la familia real, estos palacios constituían el marco de diversos rituales y ceremonias, e incluían aposentos para los invitados oficiales y los visitantes extranjeros. A diferencia de los templos, construidos en piedra, los palacios se edificaban sobre todo con adobes secados al sol, por lo que son muy pocos los que se conservan, aunque las incrustaciones de colores y las pinturas que se han encontrado en algunos de estos lugares muestran su esplendor original.

Las familias reales egipcias eran muy extensas. Además de su esposa principal, el faraón tenía también varias consortes secundarias. El matrimonio concertado con hijas de mandatarios de otros países era una manera de forjar o reforzar alianzas diplomáticas. De estas uniones reales nacían muchos hijos. Se cree que el faraón Rameses II engendró, con diversas esposas, a más de cuarenta hijos y cuarenta hijas.

Bienes de prestigio

Si bien se han encontrado pocas joyas u objetos cotidianos en palacios, las tumbas reales han permitido descubrir muchos ejemplos. Los talleres reales contaban con artistas de primer nivel que trabajaban los materiales más nobles, como el oro, las piedras semipreciosas y el vidrio. La mayoría de las materias primas se obtenían mediante el comercio con otras tierras, o bien a modo de tributos pagados por los territorios conquistados. En una pintura de la tumba de Sobekhotep, que fue canciller durante el reinado del faraón Tutmosis IV (c. 1400-1390 a.C.), se observa a un grupo de nubios que acarrean anillos de oro, ébano, pieles de leopardo, pepitas de jaspe rojo y colas de jirafa como tributo al faraón. Aunque la economía del antiguo Egipto se basaba mayoritariamente en el intercambio, para las plata y cobre.

Administrar Egipto: funcionarios y gobierno

Los textos del antiguo Egipto que han llegado hasta nuestros días revelan que el faraón tenía a sus órdenes un complejo sistema administrativo diseñado para mantener el control religioso, económico y político sobre el país. Para ello contaba con el apoyo de uno o dos visires (los funcionares de más alto rango del gobierno), que supervisaban una vasta red de escribas, sacerdotes y administradores.

Los altos funcionarios dejaban constancia de sus vidas, y de sus actos más importantes, en las tumbas y templos de todo Egipto; con frecuencia exageraban sus capacidades y su participación en ciertos acontecimientos, y escribían sobre lo que les había aportado riqueza y poder. Sin embargo, sabemos muy poco del pueblo o de quienes ocupaban posiciones menos importantes en la administración. La gran mayoría de los egipcios eran campesinos, enterrados con muy pocos lujos, y de los que ni siquiera conocemos sus nombres.

Guerra y diplomacia

El faraón tenía entre sus obligaciones básicas defender Egipto y construir un imperio. Las fachadas de los templos estaban cubiertas de escenas bélicas en las que el faraón combatía y aplastaba a sus enemigos. A pesar de que estas representaciones suelen mostrarlo victorioso, muchas veces la realidad era distinta, aunque no esté tan bien documentada. Egipto atravesó por frecuentes períodos de guerra civil y fue invadido en muchas ocasiones por ejércitos extranjeros. Nubios, persas, libios, griegos y romanos: todos ellos atacaron y gobernaron en algún momento el país. Los registros oficiales egipcios omiten casi siempre estos hechos, descritos, en cambio, en documentos privados, que a veces mencionan batallas perdidas.

La acción militar no era la única forma en la que Egipto se relacionaba con sus vecinos. Otra manera importante de gestionar las relaciones con el exterior eran las alianzas diplomáticas. El intercambio de regalos y los matrimonios políticos eran habituales para ayudar a mantener relaciones pacíficas con los vecinos.

Extranjeros en el trono

Egipto experimentó diversas invasiones y períodos en los que el país estuvo gobernado por potencias extranjeras. Durante estas épocas, la mayoría de los soberanos extranjeros adoptaron la iconografía y las tradiciones del antiguo Egipto, representándose a sí mismos como faraones, ostentando títulos reales y haciendo uso de los atributos e insignias propios de la realeza. Con este enfoque se buscaba apaciguar a la población local. El interés de algunos soberanos extranjeros por la historia y las creencias egipcias los llevó a copiar su arte y sus tradiciones, que ya tenían siglos de antigüedad.

Los monarcas extranjeros mantuvieron las creencias religiosas tradicionales y mostraron devoción hacia los dioses egipcios. Los reyes grecomacedonios y los emperadores romanos fueron grandes constructores de templos consagrados a los dioses egipcios, en los que se representaban ellos mismos como faraones tradicionales. En sus países de origen, sin embargo, estos gobernantes seguían adorando a sus propios dioses, y rara vez eran representados como faraones.

Una vida eterna: la muerte del faraón

Se creía que a su muerte el faraón viajaba al inframundo o mundo de los muertos. Lo necesario para el viaje le era suministrado mediante textos mágicos, fórmulas, la decoración de su tumba y su ajuar funerario. Al llegar a la otra vida se asimilaba con el dios Osiris, señor de los muertos y del inframundo, y uno de los gobernantes míticos de Egipto antes de la creación de la humanidad. El faraón difunto también era asociado a otros dioses, entre ellos Re, el dios solar; y, al igual que el sol, viajaba cada noche por el inframundo para renacer a diario con el alba.

Enterramientos reales

Para ayudar al faraón en su periplo hacia una nueva vida, eterna esta vez, se construía una majestuosa tumba cuya función era acoger su cuerpo y darle tanto los conocimientos rituales como los objetos necesarios para la otra vida. Esta tumba se empezaba a construir a inicios de su reinado, para garantizar que estuviera todo preparado cuando falleciera el monarca. La estructura de las tumbas reales fue cambiando a lo largo de la historia. Durante el Reino Antiguo y el Reino Medio se erigían pirámides. Más tarde, las tumbas pasaron a excavarse en las laderas del Valle de los Reyes, en Tebas, con el objetivo de ocultar su ubicación y su valioso contenido. Todas las tumbas estaban decoradas minuciosamente con textos mágicos y protectores, así como con descripciones de rituales. A pesar de estas precauciones, casi todas acabaron siendo saqueadas, en la mayoría de los casos ya en la antigüedad.

En las tumbas reales se depositaban muchos objetos de valor, como muebles, joyas y alimentos, que ponían de manifiesto la riqueza y magnificencia del faraón, y pretendían satisfacer sus necesidades para toda la eternidad. Para conservar su cuerpo, el faraón era momificado mediante un proceso que duraba unos setenta días. Actualmente, la mayoría de las momias reales que se conservan se encuentran en el Museo Egipcio de El Cairo.

ACTIVIDADES COMPLEMENTARIAS A LA EXPOSICIÓN

• CONFERENCIA A CARGO DE LA COMISARIA
MARTES 16 DE OCTUBRE, 19.30 H

Tras la imágenes y los objetos del antiguo Egipto que han llegado hasta nuestros días, se esconde la realidad de un imperio que ha fascinado a la humanidad a lolargo de la historia. Faraón. Rey de Egipto presenta estos objetos para explicar la vida en aquellos tiempos, prestando especial atención al carácter divino de la monarquía egipcia. Se trata de una primera aproximación a los grandes ejes de la exposición.

A cargo de Marie Vandenbeusch, comisaria de proyectos en el Departamento del Antiguo Egipto y Sudán del British Museum; especializada en el estudio de la religión y la magia en el antiguo Egipto, en particular a través de la iconografía y los textos funerarios
Conferencia en inglés con traducción simultánea al castellano.

• VISITA COMENTADA
CONSULTAR HORARIOS EN LA WEB

La visita está dirigida por un mediador que, a partir del diálogo con los participantes, presenta los temas clave de la exposición, los contextualiza y resuelve las posibles dudas o preguntas que puedan surgir. Duración: 1 h.

• VISITA CON APERITIVO
21 DE OCTUBRE, 18 DE NOVIEMBRE Y 2 DE DICIEMBRE, 12 H

Duración aproximada: 2 horas. Aforo limitado

• VISITA CON CAFÉ TERTULIA
30 DE OCTUBRE, 13 Y 27 DE NOVIEMBRE, 18 DE DICIEMBRE Y 15 DE ENERO, 17 H

Duración: 2 h. Aforo limitado.

• VISITA CONCERTADA PARA GRUPOS*

Duración aproximada: 1 hora

• VISITA CON CAFÉ TERTULIA PARA GRUPOS *

Duración aproximada: 2 horas

* Reservas: tel. 91 787 96 06 o rcaixaforummadrid@magmacultura.net. Máximo,
30 personas / grupo

CICLO DE CONFERENCIAS

El Egipto de los faraones
DEL 7 DE NOVIEMBRE AL 4 DE DICIEMBRE DE 2018
¿Quiénes fueron los faraones? ¿Cómo lograron forjar un imperio a orillas del Nilo? ¿Qué les llevó a erigir las pirámides? ¿Cómo era su relación con los dioses? ¿Y su concepto de la vida de ultratumba? Este ciclo plantea un apasionante viaje por el antiguo Egipto a través de seis conferencias centradas en la figura de los faraones.

MIÉRCOLES 7 DE NOVIEMBRE, 19.30 H
Origen de la realeza y el Estado en el antiguo Egipto

Josep Cervelló Autuori, profesor de Egiptología y director del Instituto Interuniversitario de Estudios del Próximo Oriente Antiguo de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), detalla las características de la monarquía faraónica más temprana, desde sus funciones rituales hasta las políticas desarrolladas.

MARTES 13 DE NOVIEMBRE, 19.30 H
Hijo de Re: los aspectos divinos del poder de los faraones. Carles Buenacasa Pérez, profesor agregado del Departamento de Historia y Arqueología de la Universidad de Barcelona (UB), profundiza en la figura del faraón como encarnación de Egipto. Un rey-dios que garantizaba la armonía del universo.

MARTES 20 DE NOVIEMBRE, 19.30 H
Faraón, guerra y diplomacia
José Manuel Galán, investigador del Instituto de Lenguas y Culturas del Mediterráneo y Oriente Próximo (ILC), e impulsor del proyecto Djehuty, analiza la diplomacia y la guerra como herramientas características del poder faraónico.

JUEVES 29 DE NOVIEMBRE, 19.30 H
El Valle de los Reyes
José Miguel Parra, doctor en Historia Antigua por la Universidad Complutense de Madrid, egiptólogo y miembro del proyecto Djehuty, analiza la necrópolis del Valle de los Reyes, fuente básica de información sobre la vida y la muerte en el valle del Nilo y sobre cómo alcanzar el más allá.

MARTES 4 DE DICIEMBRE, 19.30 H

En busca de los faraones
El egiptólogo y conservador del Museo Egipcio de Barcelona, Luis Manuel Gonzálvez, repasa los principales hitos de dos siglos de estudio y fascinación por el antiguo Egipto.

CONFERENCIA PARA FAMILIAS
¡Veo cosas maravillosas!

SÁBADO 17 DE NOVIEMBRE, 12 H Y SÁBADO 15 DE DICIEMBRE, 18 H
Acompañados por una arqueóloga, visitaremos las tumbas de los faraones. Atravesaremos pasadizos y estancias hasta llegar a la cámara funeraria. Observaremos cómo era la vida en el más allá a partir de las escenas pintadas en
las paredes, los jeroglíficos y los objetos del ajuar que iremos encontrando por el camino, y que, a su vez, reflejan como un espejo su mundo real. En esta conferencia, pensada para toda la familia, veremos cosas fascinantes:
descubriremos aquellas casas de la eternidad que perpetuaban el poder absoluto de los reyes.
A cargo de Núria Rosselló, arqueóloga, docente y divulgadora del patrimonio
cultural

• ESPACIO FAMILIAR Y EDUCATIVO +4
Faraón: la imagen de Egipto
En la exposición, un espacio dedicado a las familias propone actividades relacionadas con varias ideas extraídas de la muestra. De lunes a domingo, de 10 a 20 h. Actividad abierta

• VISITAS EN FAMILIA +5
Un encargo faraónico
CONSULTAR HORARIOS EN LA WEB
Duración aproximada: 90 minutos. Aforo limitado

PÚBLICO ESCOLAR
DE LUNES A VIERNES
HORARIO A CONVENIR
Grupos: máximo, 30 alumnos. Precio único: 25 € / grupo.
Inscripción previa: www.educaixa.com.
Información: Tel. 91 787 96 06 o rcaixaforummadrid@magmacultura.net.

• Visita taller

Niveles: segundo ciclo de infantil y primer ciclo de primaria.
Duración aproximada: 90 minutos

• Visita dinamizada
Niveles: a partir de 3º de primaria y ESO
Duración aproximada: 90 minutos

• Visita comentada
Niveles: ESO, bachillerato y FPGM
Duración aproximada: 1 hora

• Visitas en lengua de signos (LS)
Grupos de 10 personas como mínimo. Es necesario inscribirse con antelación a
través del correo electrónico.

Faraón Rey de Egipto

CAIXAFORUM MADRID
Paseo del Prado, 36
28014 Madrid
Tel. 91 330 73 00

Horario
De lunes a domingo, de 10 a 20 h

Servicio de Información de la Obra Social ”la Caixa”
Tel. 900 223 040
De lunes a domingo, de 9 a 20 h
www.obrasociallacaixa.org

Precios
Entrada gratuita para clientes de ”la Caixa”
Entrada para no clientes de ”la Caixa”: 4 € (incluye el acceso a todas las exposiciones)
Entrada gratuita para menores de 16 años

Venta de entradas
Taquillas de CaixaForum y
www.CaixaForum.es

Estatuilla del dios-amon-re plata sobredorada c  1069-664 a c karnak tebas egipto c trustees of the british museum
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Estatuilla del dios-amon-re plata sobredorada c 1069-664 a c karnak tebas egipto c trustees of the british museum
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