Edición 7
7 de diciembre de 2019, 14:59:34
Ocio

Uno de los países más pequeños de Europa esconde numerosos tesoros


Razones para conocer los encantos de Bratislava

Por Paz Romanillos

Eslovaquia es un país de picos majestuosos y valles fértiles, ríos grandes y torrentes pequeños. El país desprende una historia gloriosa y el pulso de la vida moderna.


La paz de su belleza natural se complementa con manantiales terapéuticos, la gentileza del campo se compensa con el alboroto de las ciudades; la comida y los excelentes vinos dan el toque final a la civilización antigua y a la presenta. Este país, uno de los más pequeños de Europa, esconde numerosos secretos que descubrir. Lo mejor es comenzar por la bella ciudad de Bratislava.

Recorrido con calma

No hace falta mucho tiempo para recorrer el armonioso casco histórico de la capital, situado en la orilla norte del Danubio. Resulta muy agradable pasear por sus calles peatonales salpicadas de plazoletas arboladas, bonitas iglesias y palacios barrocos o rococó, en los que se sitúan los principales museos de la ciudad. Una de las figuras más curiosas, que congrega a cientos de turistas es la escultura ‘El mirón’ que se asoma desde una alcantarilla. Desde su posición dominante, el emblemático castillo de Bratislava fue la sede del reino húngaro. Hoy alberga el Museo Histórico y su famosa Venus de Moravany, una estatuilla de marfil tallada hace 25.000 años, así como el Museo de la Música. Las vistas desde las torres y terraza son inmejorables. A sus pies está la catedral de San Martín, donde fueron coronados una veintena de reyes húngaros con la corona de San Esteban, entre ellos, María Teresa. Hay que visitar la popular iglesia de Santa Isabel o iglesia azul, consagrada a la santa y princesa húngara, un sorprendente santuario de estilo Secesión construido en la década de 1910. Tiene preciosos mosaicos, en particular en la portada, con escenas de un milagro de la santa. También merece la pena la Galería Nacional Eslovaca, un palacio del s. XVIII y un edificio de aires soviéticos, donde se muestran las colecciones del mayor museo de Eslovaquia que abarcan cinco siglos de producción artística europea.

Paraiso ‘gourmet’

Eslovaquia es un país de quesos. En cualquier supermercado hay una sección dedicada solamente a este producto. El queso más vendido es uno ahumado que se presenta en forma de cinta de unos tres centímetros de ancho y enrollada sobre sí misma. La comida nacional eslovaca, no siempre a gusto de todos, es halusky bryndzové, una especie de albóndigas hechas con masa de patata mezclada con un tipo especial de cuajada de oveja suave y salado, a la que se añade tocino frito picado en trozos pequeños, lo que la hace que sea especialmente sabroso. La bebida tradicional para acompañar la comida es la leche agria o suero de leche. Las cervezas eslovacas que no tienen nada que envidiar de sus vecinas checas, algunas recomendaciones: Zloty Bazant, Mnich Smadny o Topvar.

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