Edición 7
15 de octubre de 2019, 3:35:42
Entrevistas

'El amante silencioso' es el título de su nueva novela


Clara Sánchez, sobre el amor y la manipulación

Por Paz Romanillos

Clara Sánchez ha publicado 'El amante silencioso' (Planeta), una historia de sectas, culpa y amor, que constituye una metáfora sobre cómo la manipulación ha movido el mundo a lo largo de la historia a través del "arsenal sentimental que pone en juego". Para la escritora, "en realidad, el mundo es una secta formada por microsectas como las empresas, los equipos de fútbol o la familia, puesto que ahí las relaciones sentimentales y manipuladoras pueden ser muy fuertes a favor o en contra... Y luego está la microsecta de la pareja, en la que florece una relación amorosa maravillosa o infernal", explicaba durante la entrevista.


Sánchez, ganadora del Premio Planeta 2013 por El cielo ha vuelto, narra en este libro la historia de Isabel, una mujer que viaja a Kenia en busca de Ezequiel, un joven captado por una secta al abandonarlo su novia, una aventura con la que trata de redimir su sentimiento de culpa por el suicidio de su hermano tras pertenecer a uno de estos colectivos.

Así, la protagonista, “desganada por la vida”, emprende este viaje y la búsqueda del joven para aliviar su culpabilidad, una carga que le impide vivir tranquila porque no llegó a acercarse a su hermano, en el que ve un mundo abierto para compensar a su hermano y encontrar su propia redención.

En esta aventura, durante la que Isabel conoce muchos lugares y personas que le hacen bajar la guardia, cobra especial relevancia el amor, que junto a la manipulación son los dos ejes centrales de la temática de esta novela. "Ocurre igual que en la vida, porque son temas que nos permiten establecer un tú a tú de tipo emocional".

Así, “todos los personajes hacen lo que hacen en mi historia movidos por el amor, unos porque lo han perdido y otros, porque quieren conseguirlo. Digamos que el amor es el motor de la vida y un gran ‘superpoder’ que tenemos los seres humanos para adueñarnos de otra persona, de manera consciente o insconsciente", añadía.

Personajes inspirados en la realidad

En un país con una sociedad dispar, compuesto por muchas capas sociales en las que están presentes ONGs, aldeas "miserables", diplomáticos y hoteles lujosos, entre otras cosas, Isabel tiene que aprender muy rápido a discernir la verdadera mentira, un hecho que le permite redimirse a medida que avanza la novela, “porque va quitándose una venda de los ojos, viendo que no somos lo que parecemos, desarrollando su sistema de alerta sobre las personas y, al mismo tiempo, va enamorandose".

En este sentido, para Sánchez está claro que, aunque Isabel acude a Kenia para salvar a Ezequiel, ambos personajes terminan salvándose a sí mismos a través de lo que van aprendiendo a lo largo de la historia, a través de su crecimiento personal, porque "a quien no se salva solo nadie puede salvarlo".

Por otro lado, algunos de los personajes africanos de la novela son personas reales, según explica la autora (aunque con papeles diferentes a los representados en el texto), personas que conoció durante un viaje a Kenia y que ha restacado para desarrollar esta historia, en la que el escenario cobra una especial importancia y en la que la realidad, que "seguramente sería más catastrófica", supera a la ficción.

Así, uno de los personajes principales de la novela, Maína, el líder de la secta que capta a Ezequiel, es en realidad "un hombre anciano muy sabio, cuyas frases se reflejan en la novela, como que los europeos, cuando se han ocupado de las necesidades básicas, empiezan a preocuparse por lo absurdo".

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