Edición 7
26 de junio de 2019, 19:59:40
Especiales

Cosmética natural


La quimiofobia, el mal del Siglo XXI

El abuso del lema 'libre de tóxicos' o 'libre de químicos' ha hecho caer al consumidor en una confusión que desemboca en una ‘quimiofobia’ muchas veces infundada

Por Paz Romanillos

En los últimos años, se ha extendido el lema ‘toxic free’ para identificar los cosméticos que evitan sustancias que pueden resultar problemáticas para la salud, así como otra serie de neologismos ‘free’ que buscan informar al consumidor. Una advertencia no del todo legítima de la que, a veces, se abusa para proclamar cultura del miedo y desprestigiar otras marcas. ¿Es tan tóxico todo lo que desluce? ¿Entendemos las etiquetas de lo que compramos? Analizamos esta tendencia con la cosmetóloga y co-creadora de la firma natural Alice in Beautyland, Eva Raya, que nos cuenta su visión.


“La etiqueta toxic free ha crecido al mismo ritmo que el greenwashing, como se conoce en el sector a la estrategia de marketing que consiste en dar una capa de pintura ‘verde’ a una marca para transmitir la idea de que son respetuosos con el medio ambiente. Esto es solamente una pátina sin valor real, por lo que se trata de un uso engañoso, que perjudica al consumidor y a la industria cosmética”, explica Eva Raya.
En su opinión, el abuso del lema 'libre de tóxicos' o 'libre de químicos' ha hecho caer al consumidor en "una confusión totalmente comprensible que desemboca en una ‘quimiofobia’ muchas veces infundada, o a creer erróneamente que un compuesto de procedencia natural es totalmente inocuo por el simple hecho de serlo". Aunque sobreentendemos lo que es un producto natural, surgen discrepancias a la hora de definirlo. Esta es una de las razones por las que hace dos años se puso en marcha la esperada normativa ISO 16128, que consensua internacionalmente la definición y criterio de un producto natural para uso cosmético, ya que tanto en la naturaleza como dentro de un laboratorio todo es química, todo está compuesto por átomos y moléculas.
Desde entonces, un producto cosmético puede calificarse como natural conforme a esta ISO, y existen certificadoras privadas con distintos requisitos si lo que se busca es una identificación concreta. "Pero, independientemente de todo, es importante señalar que dentro de la Unión Europea existe una legislación en materia de seguridad de igual cumplimiento para todos”, explica la cosmetóloga.

'Toxic free' hasta en la sopa

El origen natural o sintético no implica que un compuesto sea más o menos seguro. Otra cosa es la filosofía y valores de cada marca. "En Alice in Beautyland nuestra filosofía es apostar principalmente por ingredientes de calidad de origen natural, a ser posible de certificación ecológica. Disponen de cofactores realmente biocompatibles con nuestra piel y su efectividad es muy alta. Pero también creemos firmemente en los avances de la ciencia, a la que consideramos una gran aliada especialmente si consigue potenciar estos mismos ingredientes", asegura Eva Raya.

Gracias a la ciencia se han conseguido increíbles compuestos de síntesis de los que nos hemos beneficiado todos, capaces de cambiar y añadir cualidades, haciendo los productos más limpios, seguros o más sostenibles evitando impactos ambientales, sobre todo con materias primas de las que existen pocos recursos y sería por tanto una irresponsabilidad no reproducirlas en laboratorio si puede hacerse de forma inocua. "Pensamos que el consumidor debe elegir conforme a sus gustos y valores, y como marca debemos informar de las propiedades positivas que un producto pueda ofrecerle entre la gran variedad que le brinda el mercado".

Qué pasa con los parabenos, los alérgenos en perfumes sintéticos, las siliconas...

No todo es blanco o negro. Siempre se descubren parámetros nuevos que ofrecen un enfoque distinto al que se daba por válido, y cualquier duda sobre cualquier ingrediente natural o sintético debe ser evaluada minuciosamente por la comunidad científica.
“Hasta ahora se han prohibido o limitado muchos ingredientes que puedan presentar algún riesgo, otros están en proceso de estudio bajo la normativa REACH o Reglamento comunitario europeo de registro, evaluación, autorización y restricción de sustancias químicas”.

Así, los conservantes no son ingredientes que ‘aporten’ sino que ‘evitan’ y suele haber mucha polémica con ellos. Pero es importante recalcar que son absolutamente necesarios en algunos productos con ingredientes no inertes especialmente con base acuosa, en donde no encontrarlos sí debería ser motivo de preocupación. El agua es caldo de cultivo de hongos y bacterias y no es un tema para tomar a la ligera, la seguridad ha de ser incuestionable. Los parabenos de cadena larga están prohibidos y hoy por hoy no se encuentran en ningún cosmético legal. Los que se permiten son los de cadena corta. En la naturaleza también existen parabenos en frutas y verduras, especialmente en algunas bayas o el extracto de las flores Lonicera Japonica o Lonicera Caprifolium de las que se extrae el ‘japanese honeysuckle extrac'.

La cosmética,

en el punto de mira


La cosmética está en el punto de mira y se ha posicionado como preocupación por encima de la calidad del agua que bebemos, lo que comemos, el aire que respiramos o los objetos que tocamos a diario, aunque se trate de una de las industrias más reguladas.

Los aceites esenciales tienen grandes propiedades, pero, si sobrepasamos la dosis recomendada, pueden tener efectos dañinos, ya que están repletos de alérgenos de forma natural. Esto ocurre también con perfumes sintéticos, pero los hay precisamente de síntesis que se han diseñado específicamente sin alérgenos. Las famosas siliconas o parafinas no son productos tóxicos para la piel, aunque se extraen del petróleo. Un dato curioso es que la Agencia Reguladora de Medicamentos y Productos para la Salud de Reino Unido ha solicitado a los fabricantes de productos con parafina, advertir de ‘riesgo de incendio’ en el envase, debido a que, al entrar en contacto con la ropa o las sábanas de los consumidores, éstas pueden ser inflamables incluso después de lavarlas.

“Para casos ‘fuera de la ley’ existe un sistema de alerta rápida donde las autoridades de los países de la Unión Europea exponen los productos de riesgo que se detectan diariamente: el informe Rapex. La información es de uso público y se accede desde el portal de la Comisión Europea. En el informe aparecen frecuentemente objetos de uso infantil, tintas de tatuajes y cosméticos, todos ellos de procedencia dudosa como norma habitual. Así que es importante evitar comprar este tipo de productos, imitaciones incluidas y usar marcas fiables que cumplen la legislación”, matiza la fundadora del la marca Alice in Beautyland.

'Cruelty free' y 'Apto para veganos, los más demandados

“El consumidor lo demanda. A nosotras nos lo preguntan siempre. Y entonces aclaramos: todos y cada uno de los productos que se fabrican y/o comercializan en Europa son, siempre, cruelty free porque está prohibido por ley testar los cosméticos en animales desde 2013. El único caso en que tiene sentido la advertencia es que la firma venda en otros países como en China, donde es obligatorio”, nos explican.

El sello ‘apto para vegano’ es más pertinente en el mercado europeo porque comprende todas las materias primas que derivan de animales o insectos. Pero, aunque entendemos el veganismo como una convicción y una filosofía, en cosmética se da la incoherencia de que la reivindicación de ‘vegano’ no siempre significa que sea más natural o respetuoso con el medio ambiente, el producto puede ser 100% derivado del petróleo y calificarse como vegano. Mientras que si no se busca este calificativo la cera de abejas, por ejemplo, es un producto natural que de forma sostenible favorece la apicultura.

La cosmética está en el punto de mira y se ha posicionado como preocupación por encima de la calidad del agua que bebemos, lo que comemos, el aire que respiramos o los objetos que tocamos a diario. Por supuesto todo es mejorable, pero debemos decir que es una de las industrias más reguladas. "Creemos que no está de más utilizar el 'sin' en casos concretos de productos que se destinan a problemas de reacciones y alergias, pero siempre que sea como uso informativo, no denigrante. Existen sustancias más beneficiosas que otras, dependiendo del resultado que queramos conseguir en la piel, pero cualquier alegación positiva o negativa de cualquier producto debe hacerse siempre sustentada de fuentes fiables con datos verificables de evaluaciones de expertos”, concluye esta experta.

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