Edición 7
20 de febrero de 2020, 22:41:42
Ocio

Pedro Alonso, uno de los actores españoles más populares del momento gracias al éxito mundial de la serie ‘La casa de papel’, asegura que vive un gran momento, pero que no se le ha subido la fama a la cabeza...


"No estoy en este negocio para forrarme"

Por Iñaki Ferreras

La fama de Pedro Alonso alcanza todos los rincones del mundo: Argentina, Brasil, México, Italia, Reino Unido, el este de Europa, países árabes... Su papel de Berlín en La casa de papel –la serie de habla no inglesa más vista en la historia de Netflix– le ha propulsado al estrellato. Decenas de millones de fans lo han visto capítulo a capítulo pegados a la pantalla. Lo han odiado y lo han amado, y ahora solo anhelan que ese personaje turbio pero sentimental, complejo y lleno de matices, que ha encarnado con perfección siga vivo en la tercera temporada que se rodará en breve.


–¿Es éste el momento de su vida en el que más está disfrutando?

–Este es un momento en el que me están pasando cosas buenas, inesperadísimas, algunas difíciles de creer. Pero a esto le doy un valor relativo, porque ya me han pasado suficientes cosas en la profesión como para mirarlo con distancia y distinguir el humo de la experiencia. Pero sí es verdad que esto es algo muy loco, que te conozcan en todo el mundo: Inglaterra, Francia, Italia, países árabes... Hoy tengo la opción de participar en experiencias que hace solo unos años me parecían imposibles: ¡poder trabajar para un público potencial de 150 millones de personas!

–¿Cuándo cambió todo?

–Con el padre Casares se produce el punto de inflexión. Aquel era un personaje blanco, de comedia, y entonces me cogen los de Bambú y me dan un personaje oscuro. Me ponen en un nuevo perfil y desde entonces hago otro tipo de personajes más maduros, turbios... Y para mi sorpresa alguna gente me llama y me vuelve a llamar y me da confianza y empiezo a trabajar de otra manera.

–¿El éxito en la madurez, se encaja de otra forma?

–Cuando hice mi primera película, Alma Gitana, ya me reportó una popularidad circunstancial. He tenido otros momentos como ese, que inmediatamente pasan y que no significan nada más allá de tu experiencia particular. Nadie te prepara para ser conocido... Al colocarte delante del foco, todo el mundo tiene derecho a decirte las salvajadas más grandes, positivas o negativas. La experiencia te enseña a mirar eso con perspectiva y a concentrarte en el trabajo. A mí lo que diga la gente, en general, no me importa. Entiendo el juego de la exposición y lo acepto. Pero no se me sube la fama a la cabeza. La experiencia me ha enseñado que esto va a pasar, así que mi interés es preparar mi siguiente rodaje y llevar una vida que me haga sentirme bien. No quiero ser una estrella ni hacerme millonario.

–Usted tiene 2,5 millones de seguidores en Instagram. ¿Qué piensa de las redes sociales y qué importancia tienen en su vida profesional?

–Vivimos en la fase anal de las redes sociales. No tenemos ni idea. Yo estoy en Instagram desde hace meses. Recuerdo que una chica de figuración de La casa de papel me dijo: "¡Tú vas a llegar a 15.000 seguidores!" Ahora mismo tengo 2,5 millones, pero, insisto, como todo lo demás, pasará. Yo suelo publicar en Instagram cosas asociadas a mi proceso creativo, salvo el otro día que subí un desnudo, que formaba parte de una broma. Igual que con la popularidad, me gustaría ser lo suficientemente lúcido para utilizar las redes de una forma constructiva. Ahora, de lo que yo he visto, el tono en las redes sociales es muy infantil, reactivo... Este sistema busca la reacción, el me gusta o el no me gusta, solo para engancharte. No tiene que ver con el contenido, sino con la compulsión, y eso no me va.

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