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Especial Calle de General Díaz Porlier

El Colegio Inmaculada Concepción de General Díaz Porlier, 130 años de sólidos cimientos

En diciembre de 2018, fueron beatificadas Esther y Caridad, en Orán, junto con otros 17 compañeros mártires.
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En diciembre de 2018, fueron beatificadas Esther y Caridad, en Orán, junto con otros 17 compañeros mártires.
jueves 17 de octubre de 2019, 16:30h
Hablamos de la calle de General Díaz Porlier, en el madrileño barrio de Salamanca. En dicha calle está situado el Colegio de la Inmaculada Concepción, de Agustinas Misioneras, que se yergue firme en sus sólidos cimientos, amasados en valores recios y consistentes, que han resistido el paso de 130 años, y siguen dinámicos, activos e impregnando la vida de cientos de alumnos.

Son muchos los miles de alumnos egresados que llevan el sello agustiniano de buscadores de la Verdad, de la Belleza y, por ende, de Dios. Pero, en estos últimos tiempos, hemos vivido un acontecimiento, doloroso en su origen, pero entrañable en su desenlace: la Beatificación de las Hermanas Caridad Álvarez y Esther Paniagua, mártires en Argelia en los años de una violencia inu-sitada, concretamente, el 23 de octubre de 1994.

Una fecha dolosa

Este año se cumplen justamente 25 años de su martirio. No hay que esforzarse para recordar qué supuso el día del Domund de 1994 para toda la comunidad educativa del Colegio Inmaculada Concepción, para la Comunidad religiosa, que, golpeada por tan gran pena, se vio acompañada en todo momento de vecinos, amigos, padres de familia, profesores…

La noticia del atentado contra las dos hermanas cayó como una pedrada en la cristalera por donde entran los rayos de sol en la casa. Esther murió en el acto y Caridad, poco tiempo después.

Y, ¿qué relación hay entre este acontecimiento y la calle del barrio que nos ocupa? Pues, hay una relación muy directa, ya que en dicho colegio vivieron nuestras Beatas.

Esther en su inmediata preparación para ir a Argelia y Caridad en su tiempo de formación y siendo ya religiosa. Como enamoradas y buscadoras de Dios, supieron hacerlo a través de las actividades cotidianas, de las tareas corrientes que todas las personas hacemos, solo que ellas sabían muy bien por quién y para quién las hacían y llenaban su vida de sentido. Ambas vivían ya largos años en Argelia y estremece pensar que, pudiendo poner a salvo su vida saliendo del país, optaran por quedar al lado de la gente del pueblo, a quien servían y amaban.

También emociona el testimonio que una ex alumna, Maite Páez, dio en una carta abierta a sus “queridas Sores”, el mismo día 24. Dice que comprende por qué las hermanas seguían allí y otras siguen aún, a pesar de saberse en peligro. Después de consideraciones previas y de explicar que tiene fuertes vínculos culturales y vitales con el norte de África, relata también cómo le han hecho muchas preguntas incómodas sobre sus opciones por la cultura árabe y sus gentes. Y dice: “Yo misma no he sabido muy bien las respuestas. Ahora lo sé: he sentido deseos de conocer una cultura distinta a la mía, porque unas mujeres me inculcaron el deseo de saber. No he sentido miedo, porque desde niña he oído a unas mujeres contar su vida en otros países, con otras gentes y hablar de ellas con amor y respeto. Pude vivir allí y respetar y ser respetada, porque unas mujeres me enseñaron la tolerancia y el respeto. Yo no fui para dar mi vida por los otros, como tan generosamente hacen ustedes, pero construí mi vida allí porque ustedes me enseñaron la forma de hacerlo.

Sigan haciédolo; aquí y en otros lugares. El conocimiento y la tolerancia son las mejores armas que tenemos para luchar contra los fanáticos y los violentos, contra los que abusan de la ignorancia y la pobreza de sus pueblos. Y si en algo puedo ayudarlas estoy a su disposición”.

Es hermoso comprobar que en el colegio se enseñan las disciplinas académicas, y se enseña también el arte de vivir, de pensar, de amar.

El pasado 8 de diciembre de 2018, fueron beatificadas Esther y Caridad, en Orán, junto con otros 17 compañeros mártires. Hoy reposan sus restos en la Casa-Madre, en General Pardiñas, 34 bis, como queriendo estar cerca de nosotros en la lucha por la vida. A ellas nos encomendamos y encomendamos nuestro barrio.

Hna. María Paz Martín A.M.

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