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Padre y madre deben involucrarse en la educación de los pequeños, mostrándose siempre como un equipo

Educar es cosa de dos

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“Hay que tener muy claro que la educación no se delega; así, tanto la madre como el padre son igualmente responsables ante el objetivo común que se establece”. Así de rotunda se muestra la psicóloga infantil Silvia Álava en su libro Queremos hijos felices. Lo que nunca nos enseñaron, en el que destaca el importante papel que tiene la comunicación entre los padres y los roles asumidos en la educación positiva de los hijos.
Dentro de la pareja, sobre todo si hay niños, es imprescindible cuidar la comunicación y analizar los mejores momentos para hablar. En su libro, la psicóloga desvela una de las reglas de oro de la educación: los padres deben seguir siempre la misma línea sin mostrar conductas y actitudes contradictorias, especialmente delante de los niños.

Una de las pautas que la psicóloga nos da para que el niño acepte las normas es que cuando el padre o la madre inicia la “negociación” con el niño, sea este quien la acabe; de esa forma no habrá contradicción posible.

Es importante tener en cuenta es la idea de equipo; es decir, aunque las tareas estén repartidas, no significa que las tenga que hacer siempre la misma persona.

Flexibilidad
La flexibilidad será fundamental para que este equipo funcione. Se trata de conseguir entre los dos el objetivo marcado y no tanto de ver quién lo ha hecho. Por eso, si en una determinada situación uno de los dos no puede hacerse cargo de la tarea o está en peores condiciones para ello, el otro puede realizarla sin que suponga una pelea ni lo anote como un favor personal hacia su pareja, el trabajo en equipo sólo puede jugar a favor de los padres involucrados y, por tanto, a favor de la educación positiva de los pequeños.

Igualmente, asignemos las tareas en función de los horarios de los progenitores. o también se pueden repartir en función de los gustos. No obstante, todo esto será negociable y es importante dejar establecido que en cualquier momento se pueden reasignar y volver a repartir.

No se puede olvidar que es básico trabajar la autonomía del niño, por lo que hay que ir asignándole progresivamente una mayor responsabilidad en el hogar. Los adultos no deben asumir las responsabilidades que les corresponden a los niños.
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